Las plantas parásitas representan aproximadamente el 1.5% de todas las especies de plantas con flor, lo que da un total de cerca de 4,750 especies. La diversidad de estas plantas, así como algunos aspectos de su biología y evolución, han atraído la atención de varios naturalistas e investigadores —¡incluyéndome a mí! Uno de los puntos centrales en la discusión sobre la evolución de plantas parásitas a partir de ancestros no parásitos es el desarrollo y funcionamiento del haustorio. Este es el órgano que promueve la fijación, penetración y conexión entre la planta parásita y su hospedero: “la idea misma del parasitismo”.

La interpretación prevalente es que el haustorio es una raíz modificada ya que lleva a cabo las mismas dos funciones básicas: fijación al sustrato y absorción de nutrientes. El haustorio y las raíces también son similares por su origen morfológico ya que emergen, o bien de otras raíces o del eje radicular de una plántula. Sin embargo, este no siempre es el caso. En algunas plantas parásitas, como en las barbas de camarón (Cuscuta), el haustorio no se origina de raíces, sino de tallos trepadores. En este caso, se interpreta como una raíz adventicia, reducida y modificada. Así parecería que los paralelismos entre el haustorio y las raíces son muy claros y sencillos hasta que uno comienza a indagar más profundamente.