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La diversidad y adaptación del maíz a un clima cambiante se conserva en manos de los agricultores

La diversidad del maíz en la comunidad de Yaxcabá, Yucatán, pasa de agricultor a agricultor. Ellos seleccionan las semillas más resistentes a condiciones climáticas desfavorables y, al intercambiarlas o venderlas, preservan la diversidad y resiliencia del maíz.

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Contar con una diversidad de razas locales de maíz permite a los agricultores seleccionar las semillas más adaptadas a condiciones climáticas adversas. En un poblado de Yucatán, al sureste de México, la conservación de esta diversidad ha sido posible gracias al intercambio que ocurre entre los agricultores.

Ese fue el principal hallazgo de un artículo recientemente publicado en la revista Agriculture and Human Values. El equipo de investigadores demostró que la conservación de la diversidad del grano más consumido en México se hace a nivel de la comunidad.

“No solo es importante hacer un listado de las variedades de semillas que existen, sino conocer cómo se mueve y cómo vive esa diversidad en manos de los agricultores”, afirma Marianna Fenzi, historiadora de la ciencia experta en agricultura y etnoecología de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y autora principal del estudio en entrevista con Botany One.

Cultivar bajo un clima desafiante

Los cultivos de diferentes alimentos se enfrentan a condiciones cada vez más extremas debido al cambio climático. En el sur de Estados Unidos, por ejemplo, se espera que la variabilidad en el tiempo de las lluvias y la intensidad de los eventos de precipitación fuertes continuarán aumentando durante este siglo.

En zonas tropicales y subtropicales, incluidas las de México, los modelos de crecimiento de cultivo indican mayores pérdidas del rendimiento de maíz en las regiones que dependen de las lluvias para poder cosechar, refiere un artículo de 2014 en Proceedings of the National Academy of Science.

Los agricultores de Yucatán también están conscientes de esos cambios en el clima local.

El equipo de científicos que lideró Fenzi examinó lo que ocurrió en 2012 en el municipio de Yaxcabá, Yucatán. Ese año se registraron precipitaciones inusualmente intensas que afectaron el proceso de roza, tumba y quema, usado por agricultores para limpiar la superficie de cultivo y proveer nutrientes al suelo con cenizas de la quema controlada, por lo que tuvieron que reducir la superficie donde cultivaron la milpa de maíz y, en algunos casos, adelantar las fechas de siembra.

Campesino sembrando con un sembrador de madera en Yaxcabá, Yucatán, 2013. Fotografía cortesía de Marianna Fenzi,

“Ellos dicen que están cambiando los tiempos”, cuenta Ángel Cruz-Estrada, coautor de la investigación del Centro de Innovación para el Desarrollo Apícola Sustentable de Quintana Roo. El ingeniero agrónomo explica que los agricultores se basan en marcadores ambientales, como los que observan el cielo o el paso de ciertos animales como ardillas, para saber cuándo habrá lluvias fuertes o sequías, pero “de repente empezó a haber una precipitación mayor que ellos no podían explicar; ya no es como antes que podían predecir en qué época iban a sembrar maíz”, relata.

El flujo de la diversidad del maíz

México es el centro de origen del maíz y posee la mayor diversidad genética de este cultivo pues alberga a 59 razas y miles de variedades. Esto ha sido posible gracias a que las comunidades han preservado a lo largo del tiempo semillas locales de maíz que se adaptan mejor a estas inclemencias del clima.

“La diversidad del maíz es importante porque al tener una variedad de semillas los agricultores pueden seleccionar las que mejor cubran sus necesidades y las que más se adapten a distintos agroclimas, no solo de México sino del mundo”, menciona Fenzi.

Los investigadores encontraron que para hacer frente a las lluvias intensas de 2012 los agricultores sembraron sus razas locales más confiables, como la de maíz criollo X-nuuk nal, con lo que pudieron recuperar y volver a utilizar la diversidad de semillas de antes.

La investigadora explicó que los maíces criollos son genéticamente diversos y, por lo tanto, están adaptados a diferentes agroecosistemas, climas y temperaturas, por lo que son mucho más plásticos. Además, al tener hojas abundantes y espesas, las mazorcas están protegidas ante insectos. Estas características son diferentes a las del maíz híbrido, que es el más comercial y depende de sistemas industriales de riego.

Otra de las razones por la que los agricultores siembran maíces de razas locales es también culinaria. “Los agricultores conservan semillas locales o criollas porque les gusta comer diferentes platillos; por ejemplo, pueden preferir una tortilla morada o rosada porque consideran que tiene un mejor sabor, o eligen un maíz que es bueno para hacer atol, pozol o tamal”, asegura Cruz-Estrada.

Los investigadores indagaron cómo los agricultores conservan esta diversidad de maíz. El objetivo de las preguntas, realizadas durante 3 años (de 2011 a 2013), era conocer el tipo de cultivos que los agricultores tenían y las características de su milpa. Para entender las prácticas específicas al maíz, los investigadores preguntaron detalles sobre las transacciones de semillas entre agricultores. En ese periodo también observaron el ciclo de la milpa. Luego, utilizando registros de precipitación de la región de Yucatán desde 1960 hasta 2013, analizaron las estrategias de siembra de los agricultores de Yaxcabá con relación al clima.

“Los agricultores solos no pueden ser tan resilientes porque necesitan a la comunidad, el sistema de relaciones sociales y la familia. Con nuestro trabajo evidenciamos que la conservación de la biodiversidad se hace a nivel de la comunidad, con relaciones entre las personas”, resalta Fenzi.

Maíz almacenado en una troje, un tipo de almacén que la mayoría de los campesinos en Yucatán utiliza. Yaxcabá, Yucatán, 2013. Fotografía cortesía de Marianna Fenzi.

“Siempre hay un flujo de semillas entre diferentes campesinos. Si uno perdió su semilla en una mala cosecha puede ser que otro agricultor también la sembró y le fue mejor, entonces intercambian o venden semillas. Esto asegura un restablecimiento, pues al siguiente año ese agricultor podrá volver a sembrar esa semilla que alguien más le dio”, añade Cruz-Estrada.

Los autores coinciden en que si se quiere impulsar una agricultura más sustentable, con menos agua y menos fertilizantes, es muy importante conservar la diversidad de semillas para que se adapten más rápido al cambio climático.

“Hay que hacer un conjunto de cambios en diferentes niveles [políticos, tecnológicos y sociales] y sobre todo hay que escuchar cuáles son las necesidades de los agricultores”, finaliza Fenzi.

ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN

Fenzi, M., Rogé, P., Cruz-Estrada, A. et al. Community seed network in an era of climate change: dynamics of maize diversity in Yucatán, Mexico. Agric Hum Values (2021). https://doi.org/10.1007/s10460-021-10249-3


Yanine Quiroz es periodista especializada en ambiente. Cubre cambio climático y otros temas ambientales en medios mexicanos y extranjeros, como Botany One, Animal Político, Animal Mx o Revista Este País. Realiza comunicación climática para la sociedad civil y es integrante de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia. También ha analizado las coberturas climáticas desde la academia. Síguela en Twitter @YanineQuiroz.

Traducción al inglés de Lorena Villanueva Almanza

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