Bilingüe Conferencias Español Plantas y Personas

Protegiendo encinos haciendo genética de conservación con el corazón abierto

Combinando conocimiento tradicional y ciencia occidental para combatir los efectos del cambio climático

This post is also available in: English

En 2015, la bióloga de la conservación Amber Pairis había estado trabajando durante más de una década en puestos gubernamentales cuando decidió fundar la Alianza de Ciencias Climáticas (CSA, por sus siglas en inglés). Originaria de California, Pairis dice que su sueño era “crear un espacio donde poder reunir a investigadores, administradores, ONGs, fundaciones, grupos comunitarios, artistas y educadores [para] avanzar en el diseño de estrategias de resiliencia climática a una escala regional”.

Ahora trabaja con socios locales y un grupo de investigadoras de dos universidades del sur de California como parte del proyecto Restauración Resiliente que busca proteger plantas de importancia cultural. El pasado abril, Pairis presentó parte de su trabajo durante El Estado de la Biodiversidad del 2021 organizado por el Museo de Historia Natural de San Diego. Pairis, quien reside en San Diego, comenzó su charla agradeciendo al pueblo Kumeyaay por permitirle “vivir, trabajar y criar a sus hijos en sus tierras ancestrales”. Su reconocimiento de los Kumeyaay permitió a los asistentes echar un vistazo al corazón de la Alianza de Ciencias Ambientales: el grupo de trabajo Tribal, un conjunto de Tribus del sur de California. Existen 30 Tribus reconocidas a nivel federal únicamente en la región sur de California. El estado completo es el hogar de 109 grupos indígenas americanos, y, para la mayoría, los encinos son una parte crucial de su cultura e identidad.

“Todo se remonta a la creación,” explica Connor Magee, un ciudadano de la tribu Pala y Gerente de Investigación e Información de CSA desde 2019. Magee comparte conmigo el mito de creación que ha sido transmitido en su familia durante generaciones y me cuenta sobre Kwila, una de las primeras personas Pala en ser creadas, quien se convirtió en un encino para dar refugio y alimento a su gente. Las bellotas no son comestibles cuando están crudas, pero después de un proceso de lixiviación para limpiarlas de taninos, se convierten en un alimento nutritivo.

Al hablar con Magee, da la sensación de que está entrelazado con el paisaje, fundido con la naturaleza — una razón más que suficiente para intentar proteger los mismos árboles a quienes su gente debe su existencia. “Tenemos una responsabilidad de cuidar de estas plantas”, dice.

Magee recuerda a su bisabuela y piensa en ella como una científica, aprendiendo de la tierra a partir de años de observación y experimentación. “Ella salía a monitorear, a tomar datos, analizarlos e inventar nuevas estrategias”, dice. Ahora, él ha encontrado aliados en el mundo académico para proteger los encinos.

La información recabada por personas como la bisabuela de Magee es extremadamente importante para la ecóloga evolutiva Lluvia Flores-Rentería y la ecóloga de la conservación Megan Jennings, de la Universidad Estatal de San Diego. “Para mí es muy importante que el conocimiento fluya en dos direcciones. Nosotros compartimos el conocimiento que generamos con la parte científica, pero también [los] escuchamos”, dice Flores-Rentería.

La pareja de científicas está trabajando para entender los detalles sobre la morfología y genética de dos variedades de Quercus agrifolia. Mientras que Quercus agrifolia var. agrifolia tiene hojas glabras, Q. agrifolia var. oxyadenia es reconocible por sus hojas tomentosas. Esta característica en especial hace que las investigadoras sospechen que la variedad oxyadenia sea más tolerante a la falta de agua, algo que esperan confirmar con sus experimentos en el invernadero. Además, con el trabajo genético, las investigadoras podrán determinar si alguna de las variedades tiene marcadores genéticos asociados a resistencia a sequía. Las investigadoras también incluirán individuos de la especie amenazada Quercus engelmannii como parte de sus experimentos ya que la fragmentación y los incendios han disminuido el número poblacional de esta especie. Después de realizar los experimentos de sequía, Flores-Rentería y Jennings llevarán los pequeños árboles de regreso a las comunidades de donde colectaron miles de bellotas. Su investigación será útil para manejar los bosques de encino en tierras Tribales, dice Magee, quien además mencionó que un vivero dirigido por miembros de las Tribus utilizará esta información y a los árboles para restaurar zonas degradadas.

Y no solo es la sequía lo que preocupa al grupo Tribal de Trabajo. Recientemente California ha experimentado grandes incendios forestales así que el modelado de las dinámicas poblacionales también dará información sobre cómo los incendios afectan a las poblaciones y cómo las Tribus pueden prepararse para incendios futuros. Para esta parte del Proyecto, la ecóloga de modelado de nicho Helen Regan y la biogeógrafa Janet Franklin de la Universidad de California en Riverside pondrán su experiencia científica al servicio del grupo Tribal de Trabajo.

Siguiendo principios de soberanía de información ajustados a la medida de cada una de las Tribus participantes en el Proyecto, los resultados de CSA serán compartidos con la comunidad académica a través de revistas científicas. Sin embargo, Jennings comenta que tanto CSA como el equipo de investigadoras continuamente consulta a las partes interesadas y a los planeadores para asegurar que sus necesidades sean incluidas en la agenda de investigación La visión de Jennings de “ciencia en tiempo real” se originó después de haber trabajado once años en el Servicio Forestal de Estados Unidos. Ahora en CSA, trabaja como “creadora y traductora de ciencia” para hacer que la planeación de resiliencia climática se vuelva a una realidad.

“No se trata de hacer ciencia para entregar resultados más tarde”, dice Jennings. “Hay una constante retroalimentación y colaboración en el sentido más sincero”.

Flores-Rentería y Jennings admiten que trabajar con socios Tribales ha cambiado su perspectiva sobre cómo hacer ciencia. Ambas han ido aprendiendo a mantener un equilibrio entre el conocimiento tradicional y la ciencia occidental, que operan a ritmos diferentes. Flores-Rentería es optimista en que este tipo de colaboración podría inspirar a otros investigadores a adoptar aproximaciones similares.

Para quienes se preguntan cómo llevar su investigación a la práctica, Jennings recomienda ser un atento escucha para quienes ya trabajan en las aplicaciones en el campo. “Quiero preguntar a la gente qué es lo que necesita y quiero dar a conocer la ciencia de maneras que sean útiles para la gente y la única manera de hacer eso es haciendo preguntas y escuchando atentamente”, dice.

Agrega que muchas de las habilidades para este tipo de colaboración provienen de “[A]prender pequeños detalles que no tienen nada que ver con ser científico, pero tienen todo que ver con ser humano”.

Siglos de esclavitud, políticas de exterminación y la realización de estudios científicos carentes de ética, han creado desconfianza entre las comunidades Tribales. Flores-Rentería y Jennings, conscientes de este turbio pasado, tomaron precauciones para explicar a las comunidades el trabajo genético que realizarán, resaltando los beneficios que su investigación traerá para la restauración de las poblaciones de encinos.

Durante siglos, las vidas de las Tribus de California han estado ligadas a las de los encinos. Ahora, esta delicada relación está en riesgo. Nunca había sido tan necesario forjar alianzas y combinar saberes para hacer frente al cambio climático”.

“Hay que estar con el corazón abierto. Necesitamos trabajar todos juntos para preservar estos encinos”, dice Flores-Rentería.